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Edición del DOMINGO 23 de Septiembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Civilización y televisión
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Busto del emperador Carlomagno, de la serie Civilización.
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Texto: Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

En un mundo que atravesaba conflictos cruciales, la BBC de Londres creó algo nunca visto: una serie de trece capítulos de historia del arte.

“Las grandes naciones escriben su autobiografía en tres manuscritos: el libro de cuentas, el libro de sus palabras y el libro de su arte”. Esto lo dijo el poeta John Ruskin, en una época en que los medios electrónicos no existían. Cuando Kenneth Clark –crítico, ensayista e historiador británico– convenció a la BBC de Londres en 1967 para financiar lo que fue el proyecto de toda una vida,  la televisión se convirtió en el cuarto “manuscrito”.

Nadie antes había intentado algo parecido, especialmente en un medio donde la conquista de audiencias masivas era el objetivo primordial. Siendo la BBC televisión estatal   su esquema de programación financiado por la sociedad inglesa, proclamaba muy orgullosamente una independencia social y cultural muy lejana de los intereses políticos del momento.

Más bien, desde entonces esta venerable –en el mejor sentido de la palabra– institución impuso un esquema de canales múltiples (BBC1, BBC2 y ahora algunos otros, además de sus estaciones radiales) que permitía laboratorios esenciales para el desarrollo de programas alternativos.

La idea de Clark fue única: nada menos que una mirada personal de cómo la evolución de Europa Occidental después del colapso del Imperio Romano produjo las ideas, libros, edificios, obras de arte y los personajes que construyeron la civilización hasta la era moderna en el siglo XX. Encima de eso, este no podía ser simplemente otro curso de arte dirigido a intelectuales. El gran reto de Clark era captar un público masivo que poco o nada de esto podía descubrir en la televisión mundial.

Civilización le tomó a Clark casi dos años de incansables recorridos e investigaciones, antes y durante la producción. Para el hombre que fue un pionero de la programación cultural en Inglaterra, la evidencia recogida tenía que ser mostrada en sus más pequeños detalles sin nunca aburrir a nadie. “Siempre intenté basar mis argumentos en lo que yo había visto: ciudades, puentes, monasterios, catedrales, palacios”, decía. Lo visual era únicamente un punto de partida, porque en la televisión su objetivo era desarrollar allí lo que Wagner intentó en sus óperas, “una fusión sinfónica de texto, espectáculo y sonido”.

Clark tenía 60 años cuando comenzó el proyecto. Las presiones fueron terribles, porque nada de lo que había hecho antes en sus especiales y conferencias se podía equiparar a sus intenciones medulares: la historia del arte como un gran fresco episódico - una Capilla Sixtina de innumerables visiones y enfoques.

La serie también nos enseñaba que los tiempos más bárbaros y difíciles jamás destruyeron los valores humanos que engrandecen la civilización. Y por encima de todo Clark tenía la total convicción de que la televisión era el medio idóneo para contar su visión. Hay una famosa historia de este hombre, encerrado en un baño y llorando exhausto durante algunos minutos, temiendo lo peor después de una presentación en Londres para un grupo selecto de invitados. Siguió allí adentro mientras escuchaba estruendosos aplausos al final.

Sobre sus espectaculares y bellísimas imágenes quedan sus inmortales palabras: “Es la falta de confianza, más que ninguna otra cosa, lo que acaba con una civilización. Podemos destruirnos por nuestro propio cinismo y desilusión, igual que por las bombas”.

Clark falleció en 1983 y su visión humanista tiene más relevancia que nunca en nuestros días. “El fracaso moral e intelectual del marxismo no nos ha dejado la alternativa al materialismo heroico y esto no es suficiente. Uno puede ser optimista, pero tampoco nos podemos alegrar de lo que nos espera”.


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